La consulta psicoterapéutica con intérprete: intereses, dificultades y límites. Doctor Bertrand Piret.
Viernes 24 de febrero de 2006
En el texto que sigue a continuación, les propongo acercarnos a la experiencia de las consultas psiquiátricas con intérpretes en la Consulta Transcultural de los Hospitales Universitarios de Estrasburgo y al marco de la red RESPIRE. Para empezar, introduciremos el marco de esta práctica para plantear mejor sus desafíos y metas, luego describiremos las particularidades, beneficios y dificultades de la consulta con intérprete, enfatizando más la cuestión de la psicoterapia que la terapia psiquiátrica, ya que es esta la primera que se enfoca en la mayoría de los casos. Además, nos plantearemos la problemática que conlleva la posibilidad de la psicoterapia y a que esta puede responder puesto que es la manera más objetiva para abordar la noción de "sufrimiento psicológico", noción que por lo demás resulta difícil de cuantificar. La cuestión de la psicoterapia se plantea cuando existe una petición y un involucramiento dentro de un marco en el que la palabra es el material en el que nos proponemos trabajar.
1) El marco de la práctica de la clínica intercultural en Estrasburgo
Descubrí la práctica de la consulta psiquiátrica con intérprete en la Isla Reunión. Los enfermeros criollos resultaban indispensables para entender al menos en parte el discurso de los pacientes, por culpa del idioma criollo y también por la existencia de muchas particularidades culturales a las cuales referían sus discursos. Pierre-Stanislas Lagarde había pasado por la misma experiencia algunos años antes en el mismo centro. Cuando nos encontramos poco tiempo después en las Consultas Externas de Psiquiatría del CHU, sin duda fue en gran parte esta experiencia vivida de la relación terapéutica "intercultural" lo que forjó nuestro proyecto de instalar en Estrasburgo las bases de una ayuda más favorable, enfocada a los pacientes de origen extranjero. En esa época, poder acudir a un intérprete seguía siendo un hecho ocasional, o incluso excepcional y constatábamos que muy pocos pacientes inmigrados o refugiados se involucraban en una relación terapéutica a largo plazo. Más que invocar obstáculos "culturales" por esta desafectación, planteábamos que el obstáculo era nuestro, debido a una ayuda desadaptada ya que simplemente ¡no les entregábamos a las personas la posibilidad de expresarse!
Karim Khelil, estudiante de psicología en práctica en esa época, fue asignado para contribuir en el transcurso de las consultas bilingues árabe/francés. Rápidamente, tuvimos la confirmación de algo que era muy predecible: los pacientes se involucraban en la relación terapéutica, volvían a las citas, desarrollaban un discurso cada vez más rico, preciso, elaborado, si se les daban los medios... al menos linguísticos.
Se puso en marcha entonces una colaboración estrecha con Migrations Santé Alsace mientras que se desarrollaban investigaciones, seminarios y formaciones a partir de esta experiencia. Un pequeño grupo de colegas y amigos se constituyó alrededor de estas nuevas preguntas planteadas a la clínica, a la práctica y a la psicoterapia. Surgió entonces la asociación Palabra sin Frontera.
De este modo, esta particular experiencia del trabajo con intérprete estuvo siempre en el centro de las reflexiones del grupo Palabra sin Frontera. Muchas sesiones del seminario "Psiquiatría, psicoterapia y cultura(s)" fueron dedicadas a este tema entre los años 1990 y 2001. Durante el segundo año del seminario se exploró particularmente los aspectos "técnicos" que resultan de esta práctica, buscando extraer sus especifidades, su posición en relación a las psicoterapias y al psicoanálisis [1]. Más recientemente, otras contribuciones provienen de jóvenes psicólogos [2]o de intérpretes "además" psicoanalistas ("además" entre comillas ya que precisamente lo que pone en evidencia esta co-ocurrencia es la dimensión propia de la escucha del intérprete, lo que hace que al menos en este caso, las dos "funciones" pueden ser disociadas sólo artificialmente).
La posición y las funciones que ocupa el intérprete en este dispositivo son el objetivo de la intervención de Karim Khelil en este presente volumen.
La cuestión de la lengua materna, del bilinguismo y sus consecuencias psicopatológicas y del punto de vista de la técnica de la escucha activa y el paso de un idioma a otro se encuentran al centro de las reflexiones de Palabra sin Frontera, equipo clínico que reúne profesionales implicados en la práctica con los migrantes y los refugiados.
De alguna forma, el hecho de haber enfatizado el idioma más que la cultura es una particularidad del equipo de Palabra sin Frontera. Pero por supuesto, una división absoluta sería artificial: el idioma conlleva representaciones y sistemas de pensamientos de la cultura correspondiente y la relación de cada uno con la cultura es indisociable de la relación con el idioma.
Sin embargo, esta distinción tiene un interés estratégico: al anteponer un artificio técnico (el acceso a la lengua materna por medio de la interpretación) permite evitar tener que alejarse de las concepciones de moda que plantean que la cultura en sí es a la vez el obstáculo radical al encuentro (en el peor de los casos, una guerra de las civilizaciones) y el remedio de los que fracasan en la vida (por la reinyección cultural). Según estas teorías, la cultura representa la variable matriz, en su origen era un defecto, una carencia (que se confunde con la nostalgia), o quizás incluso un perjuicio que se puede reparar por medio del regreso (algunas veces forzado) al mundo cultural "de origen". No insistiré sobre las críticas, por lo demás bien argumentadas actualmente, sobre las posiciones etnopsiquiátricas contemporáneas [3].
Por supuesto, no se trata de negar la importancia del factor cultural sino de dejar abierta la pregunta de la exportación de un concepto etnológico (el de la diferencia cultural, coherente en este campo preciso) hacia la área de la clínica y de la psicoterapia, donde el objetivo es reconocer y favorecer la expresión de la singularidad y la subjetividad. A partir los años sesenta, el centro Minkowska en París había instalado consultas para los migrantes donde trabajaban terapéutas de idioma, cultura y origen diversos. Al parecer, se recurrió posteriormente a intérpretes, pero se hizo necesario por la llegada de pacientes de idiomas más raros y para las cuales no existían terapéutas. El equipo del centro Minkowska siempre guardó su distancia con la etnopsiquiatría. En otros sitios, hubo algunos equipos que hicieron el esfuerzo por adaptar las modalidades de ayuda psiquiátrica y psicológica para los migrantes, en la mayoría de los casos desde una óptica etnopsiquiátrica. Fueron bastante escasos si se toma en cuenta las necesidades y la importancia de las comunidades migrantes y refugiadas. Además, tienen el inconveniente de hacer pensar que la psicopatología y la psicoterapia de los extranjeros debe ser un asunto tratado por especialistas (los etnopsiquiátras, para los cuales existen diplomas que sancionan actualmente onerosas formaciones).
No es el pensamiento de Palabra sin Frontera. ¡Lo que no quiere decir que recomendamos una total ignorancia de las culturas y costumbres propias de los pacientes que recibimos! Sólo que no hay que confundir los registros: el del saber del etnólogo y el del clínico. Aunque estos registros pueden encontrarse y ser fecundos, debe mantenerse una distinción y el propio Devereux había hablado al respecto de la imposibilidad de poner en ejercicio de manera simultánea estas formas de saber y de práctica, proponiendo el término de "complementarismo".
Más aún, queremos creer que a través de algunos cambios de hábitos de trabajo, para muchos profesionales clínicos resulta posible descubrir, por medio de la experiencia, la riqueza de esta práctica que los llevará inevitablemente a interesarse por los universos simbólicos de aquellos que acogen. Ellos mismos medirán las consecuencias de las distancias culturales, como aquellas relacionadas con el exilio y el desplazamiento. Adaptarán de forma natural su escucha activa y su modo de interpretar lo que escuchan. Gracias a estas convicciones, hemos desarrollado y estructurado la red de profesionales asociados a la Consulta Transcultural desde septiembre de 2000, por una parte buscando integrar nuevos terapeutas, psiquiátras o psicólogos, y por otra parte reforzando los lazos con actores sociales y asociativos de terreno, de modo a favorecer la prevención, la atención precoz y evitar la psiquiatrización [4].
A nuestro conocimiento, no existe en Francia otros ejemplos de una estructura en red con estas características, dirigida específicamente a las poblaciones inmigrantes y refugiadas.
La estructura en red permite asir de mejor manera la especificidad que defendemos: no la de una especificidad cultural, psicológica o psicopatológica de los pacientes de origen extranjero, tampoco la especificidad de médicos "especialistas" que deberían atenderlos sino que la especificidad de una ayuda que toma en cuenta sus realidades sociales y linguísticas en esta sociedad que es nuestra (es un hecho que estas comunidades tienen un acceso limitado a atención médica y más aún a espacios de palabra).
Este es a grandes rasgos el marco de nuestra práctica.
2) Los efectos y límites del "dispositivo de a tres"
¿Cuáles son los efectos clínicos y terapéuticos del trabajo con intérprete ? ¿Cuáles son las dificultades y los límites de esta práctica?
En efecto, el aporte en términos de "acceso a atención médica" responde a un objetivo de sanidad pública que también podría abordarse críticamente: ¿acaso no hay un riesgo de medicalización, psiquiatrización o de "psicologización" de los problemas existenciales que deberían resolverse en otro marco? Resulta necesario demostrar, más allá de los argumentos del sentido común, la necesidad de recurrir al intérprete puesto que algunos afirman poder prescindir de este y lograr establecer relaciones terapéuticas recurriendo al lenguaje no verbal, a la interpretación de las mímicas y de los comportamientos, o bien conformándose -o a veces prefiriendo- con la intervención de terceros personalmente relacionados con el paciente (miembro de la familia, amigo, vecino...)
El reconocimiento simbólico
Incluso antes de los efectos relacionados con el hecho de facilitar la lengua materna como instrumento de comunicación, quizás los efectos simbólicos de este ofrecimiento constituyen el primer factor operante. Por otra parte, las resistencias que se encuentran todavía a menudo en la práctica con el intérprete revelan la interiorización casi generalizada de una política muy específicamente francesa en lo que respecta a los idiomas minoritarios (su rechazo, su negación). Esta actitud sería incomprensible en otros países (en Canadá, en los países nórdicos europeos) donde no sólo es evidente reconocer el idioma hablado por los migrantes y su grupo sino donde además el estado abastece y organiza los servicios públicos de interpretación... De este modo, un ofrecimiento creado públicamente tiene efectos simbólicos mayores sobre las comunidades implicadas más allá del beneficio puramente técnico obtenido por la traducción [5] Este otorga las condiciones para que el desarrollo de una palabra sea posible, una palabra ya no refrenada por sentimientos de incomodidad, de verguenza, de desprecio (relacionados con un mal dominio del francés no asumido) o por actitudes reivindicativas con respecto a los médicos. La institucionalización de una ayuda conlleva un mensaje de respeto a las identificaciones y los ideales de la persona, sobre todo con respecto a la vertiente cultural que es considerada como fuente de un malentendido inevitable.
Por parte del terapeuta, el efecto es similar: el esfuerzo por reconocer la lengua materna conlleva una exigencia de reconocimiento de la persona en todas sus dimensiones, por ejemplo en su dimensión cultural. Sin embargo, tengamos cuidado con pecar de inocentes. La presencia del intérprete y el acceso a la lengua materna no inducen automáticamente la curiosidad ni la apertura. Se necesita de un deseo particular que no se decreta. Se conoce desgraciadamente casos en los cuales la función del intérprete es reducida a la categoría estricta de instrumento y donde no opera ninguno reconocimiento linguístico del otro...
Desilusión et desnarcisización del terapéuta
Examinemos otros efectos de este dispositivo en el terapéuta. La posibilidad de un diálogo muy elaborado por medio del intérprete conduce muchos médicos a revisar las fantasías extravagantes que podían llegar a ser las suyas con respecto a la diferencia cultural, dándose cuenta de la proximidad de las problemáticas o su carácter con un fondo universal. No obstante, también tienen que efectuar el aprendizaje necesario para crear y adaptar el encuentro, según modalidades que a veces difieren enormemente de las costumbres occidentales. En este aprendizaje, el papel del intérprete es importante, ya sea porque es solicitado para dar consejos en este sentido, ya sea porque su actitud deja entrever que tal o tal pregunta no es de antemano prematurada o chocante. Además, volver a cuestionar un "coloquio singular", modelo sacralizado de la entrevista íntima, limitada a una escucha suplementaria, deshace las exigencias totalizadoras (no se puede percibir todo lo que dice el paciente) y dominadoras (¡no se puede controlar absolutamente la palabra del intérprete!). De este modo, se quebrantan las bases narcisistas de una "vocación a la escucha", con un beneficio y un aporte.
Los beneficios son inestimables para la formación de los terapéutas (principalmente para los psiquiátras y psicólogos).
A través de estas primeras reflexiones, se perciba la imposibilidad de describir de manera general lo que produce y lo que se produce en el dispositivo de a tres. La personalidad, los gustos y las orientaciones del terapéuta, así como el deseo que lo implica o no en esta práctica son elementos esenciales.
Podríamos hacer un comentario similar para los intérpretes. Volveremos sobre este punto más adelante.
Efectos propios a la introducción (o a la reintroducción) de la lengua materna
¿Cuáles son ahora las consecuencias de poner a disposición el uso de la lengua materna para el paciente?
Para los inmigrantes y solicitantes de asilo recién llegados a Francia, ante todo se trata de una cuestión de necesidad. Si este dispositivo no existiera, no tendrían modo alguno de expresarse y podemos fácilmente concebir los malentendidos y la frustración que puede surgir a partir de esta situación en todas las dimensiones de sus nuevas vidas en el exilio: relaciones con las administraciones, la escuela, el hospital, los médicos, la prefectura, etc. Muchos intelectuales que vivieron el exilio entregan testimonio de esta frustración, el ser de pronto privado de sus medios de expresión y llegar, como lo describe Nancy Huston y François Cheng [6], a envidiar la soltura de la charla de los niños con los cuales se cruzan en este nuevo país para ellos. Confieso que bajo esas condiciones, siempre me cuesta llegar a entender la posición de aquellos que a pesar de todo consideran preferible prescindir de un intérprete, manteniendo así sus interlocutores en un nivel del lenguaje rudimentario. Los argumentos más aceptables de esta actitud conciernen la dificultad del trabajo con intérprete. Volveré a tocar el tema. De todas formas, la inmensa mayoría de los recién llegados que no hablan nada de francés ni otro idioma europeo de manera fluida (por ejemplo inglés, alemán)toman como una suerte inesperada la posibilidad que se les ofrece -podríamos agregar ¡qué por fin!- de poder hablar en su idioma. Sobre todo que el marco particular de las entrevistas psicológicas o psicoterapéutas que llevamos a cabo les permite verbalizar lo que a veces no han podido aún verbalizar en otras circunstancias. Aquí, tres características son esenciales: ausencia de directividad (no se sabe sin el paciente y antes que él lo que es lo importante hablar), confidencialidad (el secreto de las entrevistas está garantizado) y neutralidad (las entrevistas no tienen ninguna consecuencia legal, policial o administrativa, el terapéuta no toma partido con respecto al contenido de lo que se dice y se abstiene de consejos personales a partir de sus propias opiniones). Ahí también, el intérprete desempeña un gran papel en la instalación exitosa de este marco.
No obstante, nos sucede enfrentarnos al rechazo del intérprete por parte de algunos pacientes que sin embargo no manejan fácilmente ningún idioma en común con el terapéuta. Se trata a veces de una desconfianza insuperable ante un compatriota cuando se viene de un país donde se ha sido perseguido. Así como algunos pacientes kurdos que tienen dificultades para considerar un intérprete turco como algo más que el cómplice del estado que los persiguió. Y encontramos situaciones análogas en muchas regiones del globo (Balcanes, África Negra, etc). En otras situaciones, rechazar el intérprete tiene más bien un valor de camuflarse, lo que por razones de la intensidad del asunto no descubriremos: deseo de no revelar una problemática personal vergonzosa, una situación administrativa complicada o incluso un relato falso. No hay muchas posibilidades de llevar a cabo un trabajo terapéutico en estos casos. Por un parte por culpa de la reticencia, por otra parte porque el terapéuta tiene una posición que no le corresponde, el del juez de la veracidad de un decir o la de un agente de su legitimación (frente a las autoridades).
Cuando los migrantes han pasado algunos años en Francia o cuando provienen de países donde el idioma francés aún se habla, su bilinguismo es fuente de otros efectos frente a la lengua materna. Para algunos de ellos, la lengua materna ha perdido su función de comunicación oral en lo cotidiano. Es hablada sólo ocasionalmente, o bien se encuentra reducida al universo familiar, se instala entonces otro tipo de economía de las relaciones a los idiomas: al francés, la afirmación social, el razonamiento lógico, la intelectualización, mientras que la lengua materna continúa a albergar las referencias íntimas del pasado, de la infancia, de los primeros lazos afectivos. En un extremo, una gran soltura en francés puede constituir una defensa muy sólida frente a conflictos o deseos escondidos o inconscientes, los cuales existen preferentemente en la lengua materna. La lengua materna cobija el conjunto de los significantes que pudieron determinar en la infancia tal o tal síntoma, tal o tal orientación o elección inconsciente. Confronta la proximidad angustiante de estas palabras que siguieron siendo demasiado pesadas, sobrecargadas de una carga libidinal, que impide que el sujeto juegue poéticamente con ellas como con los otros significantes.
Se sabe que el apego a la lengua materna (que en el fondo sólo refuerza el apego a las figuras de la infancia) a veces constituye un obstáculo tal que el involucramiento en un psicoanálisis es factible sólo en el idioma segundario, aprendido. Rechazar un intérprete en estos casos remite entonces a dificultades muy diferentes de los casos precedentes de primo-llegantes. La actitud del terapéuta es delicada. Por supuesto, por ningún motivo hay que imponer un intérprete. La negación de la lengua materna debe entenderse más bien como un síntoma en el sentido psicoanalítico y respetarla como tal si se quiere tener un día la posibilidad de desembrollarlo. Sin embargo, ¿se puede llevar a cabo realmente un trabajo analítico -por lo tanto sobre el idioma- si los medios de expresión son muy limitados? Quizás esto constituya un callejón sin salida, propio a los efectos del exilio. Quizás también una escucha activa psicoanalítica a pesar de todo es posible, la que apostaría sobre los efectos del traslado, un involucramiento creciente y un uso diferente del idioma aprendido (más rico, menos operatorio o "intelectual", más modulable y abierto) que permite a largo plazo un trabajo verdadero. Sea como sea, si el trabajo analítico se realiza, los significantes de la lengua materna necesariamente regresarían, de forma explícita o enmascarada, por ejemplo como agentes subterráneos que tuercen, perturban, molestan el discurso inicialmente demasiado plano en un idioma segundario.
Efectos propios a la traducción
De igual modo, es en los pacientes bilingues que a veces se puede observar los efectos directamente relacionados con la operación de la traducción [7]. La posibilidad de traducir desde el idioma íntimo (materno) hacia el idioma "social", aprendido (el francés), las correspondencias hasta ahora inauditas que aparecen son para algunos fuente de una sorpresa considerable. Todo sucede como si la traducción permitiera un nuevo involucramiento en estos dos idiomas, en el sentido de una movilidad más grande, de un nuevo y posible intercambio entre ellos que les hace perder la afectación unívoca y divergente. Se modifica quizás por medio del idioma la divergencia psíquica que caracteriza muy a menudo el inconsciente del migrante entre el mundo perdido pero idealizado del origen y el mundo de la actualidad, invadido por la inversión en el trabajo como única razón que legitima la estadía en el extranjero.
Esta divergencia se vuelve a encontrar en el seno de las familias, relacionándose ahí también con la frontera de los idiomas cuando los niños ya no hablan el de los padres y que los padres no hablan todavía realmente francés. El idioma del país de acogida sigue estando por mucho tiempo asociado al mundo del trabajo, de la técnica y de la medicina, mientras que la lengua materna se reduce a la intimidad de una pareja o de una familia. Se puede concebir entonces los beneficios de una entrevista que asocia padres e hijos cuando el intérprete lleva una palabra parental de pronto reconocida en su riqueza, sus matices y su complejidad.
Los límites y las dificultades de la entrevista con intérprete: el involucramiento subjectivo
Para los terapéutas, una de las dificultades más grandes se encuentra en la variabilidad de los intérpretes. En efecto, a pesar de una formación, de consignas y de un "contrato" con bases idénticas, cada intérprete posee su propio estilo, muy diferente entre uno y otro. Esta variabilidad sólo traduce el involucramiento sujetivo y personal del intérprete en su acto. Deberíamos recocijarnos y ¡aprovechar de un campo que aún no es invadido por la obsesión de la uniformización y la normalización Iso XXX! Se deja un espacio para el sujeto. Justamente, esta dimensión subjetiva es inevitable. Es casos extremos de interpretación profesional (del estilo Parlamento Europeo, etc.) se encuentra simplemente reducida pero no ausente. Pero hay que ir más lejos: es necesaria. Un intérprete que fuera sólo una máquina traductora tendría muy pocas posibilidades de permitir comprender la palabra del paciente. Transmitiría informaciones, es cierto, pero nada que concierne al paciente como sujeto, es decir las manifestaciones de su inconsciente. Es precisamente la paradoja de esta situación: la palabra del paciente (en el sentido analítico de la palabra, es decir ante todo el plan de la enunciación y del discurso latente) ¡no puede llevarse hacia ni ser escuchada por el terapéuta solamente por medio del intérprete! Esto no quiere decir que debe dejar de lado la preocupación de la exactitud de lo que traduce. A pesar de sus esfuerzos, es que más allá de la exactitud semántica de su traducción, su involucramiento la va orientar sin saberlo, distorsionarla levemente, amputarle algunos significantes, cubrirla de unos cuantos otros. Tantas añadiduras, "fallos" con relación a un ideal de traducción maquínica que son indicadores valiosos en un determinado momento de una parte del discurso del paciente que ha sido escuchado (lo que no quiere decir que sea reconocido conscientemente) y que produjo un efecto en el intérprete que se traduce en su traducción. En pocas palabras: el intérprete traduce así como es traducido sin saberlo por el discurso del que es el transmisor. Puede tratarse de un repentina reticencia por traducir tal o tal palabra, de un deseo de explicar en detalle tal afirmación poco comprensible, del esfuerzo por hacer coherente un discurso que no lo es, de la necesidad de traducir una emoción suscitada por lo que se está traduciendo... (situación embarazosa puesto que aparentemente esta emoción no concierne el paciente sino que al intérprete..., etc.). Los fragmentos del discurso, los relatos y las situaciones que van a "provocar un efecto" sobre el intérprete dependen evidentemente de su propia historia, de su relación con la patología mental, de su historia personal, por ejemplo cuando él mismo ha sobrellevado las angustias del exilio o incluso maltratos en su país de origen. Ahora bien, cada vez lo que aparece como un fallo, un error o una carencia de traducción puede llegar a ser útil bajo la condición de interrogarse sobre lo que indujo en el paciente este acto del lenguaje.
El propio intérprete puede someterse a esta pregunta. El terapéuta siempre debería tenerla en mente. Ponderando estos nuevos datos de la entrevista, sin duda alguna es posible provocar la emergencia del discurso (más bien discursos en presencia) una parte de una verdad sobre la palabra del paciente, y ya no "en detrimento" sino porque el intérprete habrá sabido dejarse alcanzar por el discurso del paciente y, en el mejor de los casos, habrá podido darse cuenta de esto. Estas dificultades plantean la cuestión de la formación de los intérpretes, ya que por supuesto el escenario optimista que acabo de describir funciona algo mejor si el intérprete se entrega al juego, es decir si está al tanto de su propio funcionamiento psíquico aunque sea someramente... No se trata tanto de una formación técnica a adquirir sino más bien de una familiarización con el mundo de las formaciones del inconsciente. Es necesario deshacerse de actitudes rigurosas ante la traducción que a veces tienen la función de protegerse contra la invasión del discurso del otro. Una iniciación a la psicopatología y a la clínica resulta útil, en el sentido que permite entrever cuanto puede ser perturbada el lenguaje del ser hablante por la patología o el inconsciente, lo que puede permitir otra escucha activa y liberarse de la preocupación de corregir las incoherencias, los lapsus, los silencios, los vacíos, las vaguedades, etc., del discurso del paciente.
La familiarización con el funcionamiento del inconsciente (el suyo ante todo) puede hacerse a través de grupos de palabra (además requerido por los intérpretes que están conscientes del deber trabajar a destiempo todo lo que les ha afectado a pesar de ellos mismos en el transcurso de las consultas), como también en el transcurso de sesiones de formación más teóricas, con tal que dejen un gran espacio a la expresión y a los testimonios de cada uno en lo que respecta las nociones abordadas.
Por supuesto, queda excluido recomendar a los intérpretes una formación específica en psicoterapia, y menos aún un trabajo personal de tipo psicoanalítico, no porque sea perjudicial ¡sino simplemente porque entonces podríamos prescindir del terapéuta francófono! Lo que no es el objetivo de esta reflexión que se aboca en las posibilidades de un trabajo psicoterapéutico con intérprete (¡¡ todo el mundo puede percibir que un trabajo psicoterapéutico es posible con un psicoterapeuta que hable su idioma!!) Mecanismos de los efectos psicoterapéuticos
Para concluir, intentemos extraer algunos de los posibles mecanismos por medios de los cuales una psicoterapia es posible en el marco de las entrevistas con intérprete.
Ya he señalado varios de ellos: el efecto del reconocimiento simbólico, el estremecimiento suscitado por la confrontación con la lengua materna, las sorpresas de la traducción y la reducción de la divergencia. Sin duda, no constituyen efectos psicoanalíticos en el sentido de un "cambio de estructura" en el paciente o de un reconocimiento de su deseo, de un desenlace de sus conflictos inconscientes... sino que inducen una modificación con respecto a la palabra prometedora de otros movimientos psíquicos y bajo este concepto, pueden ser calificados como psicoterapéuticos.
La realización del relato permitido por el uso de la lengua materna sin coerción es la primera etapa, indispensable y a veces larga, de reconstrucción de un ser quebrado por el horror de los traumas vividos. Justamente recibimos a muchos pacientes "traumatizados" de esta forma, víctimas de torturas, guerras, deportaciones, persecuciones, etc. No se trata del trauma en el sentido usual al que se refiere el psicoanálisis: el traumatismo sexual conectado con la fantasía y que tiene eco en la historia de los primeros lazos del sujeto. Al contrario, en estas situaciones nada tiene eco, nada otorga sentido ni atenúa el horror de la realidad. No se debe interpretar en el sentido del análisis ni ausentarse de la relación con la pretensión de ser neutro. La única actitud posible es asumir su presencia en este relato insoportable y de reforzar un deseo de escucha activa que sea diferente al voyerista o a la misericordia. A cambio de que en su lengua materna los pacientes logran paulatinamente reconstruir un relato coherente sobre lo que les sucedió (al principio, este es a menudo incoherente, dividido en fragmentos, invadido por emociones incontrolables). Es el precio de un principio de simbolización de sus sufrimientos. Esta descansa entonces sobre la interpretación y el deseo que motiva el terapéuta (¿cercano del que el psicoanálisis designa como "el deseo del analista"?).
Entrar en detalles sobre los otros efectos implicaría acudir a nociones psicoanalíticas que no son posibles de desarrollar aquí y ahora. Digamos simplemente que todo efecto psicoterapéutico y a fortiori psicoanalítico se desprende del trabajo de la transferencia. Y es innegable que una transferencia se instala en el seno del dispositivo de a tres desde el momento en que los pacientes la implican en este, pero esta transferencia concierne los tres protagonistas y para cada miembro del trío, se basa en los otros dos por sí solos... Lo que converge en una situación muy compleja desde el punto de vista del análisis de las instancias inconscientes en presencia [8].
Formularé la hipótesis de que esta transferencia produce efectos de interpretación en el sentido en que le permite al paciente escuchar divergentemente las palabras que pronuncia, (o escuchar simplemente lo que dice, lo cual contrariamente a lo que plantea el sentido común, es una cosa bastante rara). Seguramente habrá que precisar en que aspecto una interpretación puede funcionar sin que un analista sea un emisor efectivo. Es posible que no solamente su presencia sino sobre todo su posición de escucha activa pueda bastar para determinar otros efectos que la renarcisización superficial. Tras esto, se ha explotado bastante poco el valor de una interpretación potencial de la palabra del intérprete en el transcurso de su acto de traducción. ¿Acaso no se puede concebir que, a pesar de él mismo, él mismo, involucrado en una transferencia actuando en la entrevista no remita al paciente alguna verdad subjetiva?
Estas últimas preguntas ofrecen un bosquejo de la inmensidad del campo que aún falta explorar, pero también de la riqueza de este tipo de experiencia que renueva la clínica, confrontándola a las dimensiones del idioma, de lo intercultural y de los efectos del exilio.
Bertrand PIRET, octubre de 2003
[1] Cf."Psychothérapie interculturelle?", Psychiatrie, psychothérapie et culture(s), Tome II, Palabra sin Frontera Eds., Strasbourg. Pronto en línea en http://www.psy-desir.com/p-s-f
[2] Cf. MERCIER Jérémie, "Au sujet de l’interprète", publicado en http://www.psy-desir.com/p-s-f, CHESSARI-POREE DU BREIL Martine, idem
[3] Ver una excelente introducción a los debates en La lettre de Psychiatrie Française n°65, mayo 1997. Y también: Douville O, Natahi O. Contre l’ethnopsychiatrie. Politique Santé 1998, (2): 57; Douville O. Natahi. O: De l’inactualité de l’ethnopsychiatrie. Synapse 1998 (147):23-30
[4] Réseau d’accueil psychologique des familles immigrées et réfugiées (RESPIRE), Red de ayuda psicológica a las familias inmigrantes y refugiadas
[5] Para un desarrollo más concreto sobre este aspecto, ver PIRET B. (2002) L’expérience strasbourgeoise de la clinique transculturelle, pronto a ser publicado en la Revue française de psychiatrie et de psychologie médicale..
[6] CHENG François, Le dialogue, Desclée de Brouwer - Presses littéraires et artistiques de Shanghai, 2002
[7] Ver algunos desarrollos y ejemplos clínicos en PIRET B (1991) La psychothérapie à trois est-elle possible?, Psychiatrie, psychothérapie et culture(s), Tome II, "Psychothérapie interculturelle?", Palabra sin Frontera, Strasbourg, pp 9-27. Pronto en línea en http://www.psy-desir.com/p-s-f
[8] Cf. a este tema: Fatih KARAMAN, Karim KHELIL, Pierre-Stanislas LAGARDE, Bertrand PIRET (1991), Le transfert en situation bilingue et biculturelle: autour de cas clinique, (La transferencia en situación bilingue y bicultural: sobre casos clínicos) en Psychiatrie, psychothérapie et culture(s), Tome II, « Psychothérapie interculturelle ? », Palabra sin Frontera, Strasbourg. Pronto en línea en http://www.psy-desir.com/p-s-f. También MERCIER J, op. cit
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